La paciencia es una virtud clave en un mundo que prioriza la inmediatez. Según expertas en psicología, entrenarla ayuda a enfrentar mejor los obstáculos, controlar los impulsos y reducir conflictos diarios.
Se define como la capacidad de tolerar la incertidumbre sin perder la calma, fortaleciendo el autocontrol y la toma de decisiones racionales. La impaciencia surge de la dificultad para enfrentar la incertidumbre y la cultura de gratificación instantánea. Los beneficios de la paciencia incluyen mayor bienestar emocional, reducción de la ira y la frustración, y una mejor adaptación a los desafíos de la vida.
Cinco beneficios fundamentales de la persona paciente:
Ser pieza clave en trabajo en equipo.
Genera menos adicciones. “Por la experiencia nos hemos dado cuenta que los niños y adolescentes pacientes tienen menos riesgo de tabaquismo, drogas”-
Menos episodios de depresión. Una persona impaciente al ser más impulsiva tiene más conflictos internos es más difícil que tenga ese equilibrio que marca la tranquilidad.
La persona paciente suele saber con más precisión cómo actuar
Baja los niveles de estrés, ansiedad
La falta de control del impulso, la baja tolerancia a la frustración y la inseguridad pueden sabotear la paciencia, ya que impiden aceptar la espera y el esfuerzo necesario para lograr resultados. Además, la impaciencia genera estrés y ansiedad, alimentando pensamientos negativos que aumentan el malestar. Aunque en ciertos casos puede brindar satisfacción inmediata, entrenar la paciencia permite gestionar mejor las emociones y alcanzar un mayor bienestar.
Cómo cultivar la paciencia según las expertas
1. No exagerar. Esperar un minuto más en pensar, “pasar el semáforo en verde no va afectar en nuestra vida. Así que permitámonos ese minuto”, aconseja Laura Palomares.
2. Relativizar es fundamental. “Preguntarnos cómo de grave es realmente esperar y hasta qué punto esa espera puede merecer la pena, es, en opinión de Navarrete, la actitud principal para cultivar la paciencia”. Se trata, dice Palomares, de dar a las cosas la verdadera importancia que tienen.
3. Respirar, enfocarnos en la respiración y sentir esa pausa profunda.
4. Asumir responsabilidades. “En muchos casos, aclara Laura Palomares, no nos enfada la situación sino algo que hemos hecho”.
5. Ser coherente.
6. No ser tan exigente con uno mismo.
7. Pensar antes de hablar e incluso escribir. Según Palomares, esto ayuda muchísimo a digerir las emociones y baja la intensidad del día a día.
8. Aprender a vivir en el presente, desterrando las comparaciones con el pasado y anticipaciones sobre el futuro. Para esto el mindfulness puede ser una herramienta muy valiosa.
9. Diferenciar lo que depende de nosotros y está en nuestra mano, de lo que no. Lo primero se gestiona a través del esfuerzo. “Es fundamental entender que el esfuerzo es positivo” puntualiza Sara Navarrete. Se explica:”Desgraciadamente observo a menudo en niños y adolescentes la creencia interiorizada de que el esfuerzo es un fracaso en sí mismo, en lugar de un camino para alcanzar la meta, lo que en ocasiones les lleva a abandonar los estudios y mostrar una baja autoestima. Muestran una baja tolerancia a la frustración que les hace infelices, por lo que enseñarles que el esfuerzo es el primer paso para cualquier logro es muy importante”.
10. Lo que no depende de nosotros requiere del arte de la espera , de aprender a afrontar ese tiempo sin saber si lo deseado llegará o no, con una actitud que no nos haga sufrir, gracias a la relativización y a la búsqueda de alternativas o un plan b, en el caso de que no pueda ser.
Fuente: Vogue Spain