Te sientes perdido en la vida?

2021-07-19 08:16:38   988 Visitas


Para todos los que han tenido esa sensación de insatisfacción, de falta de rumbo o de entusiasmo en la vida, esto es lo que deben de saber.



De pronto miramos a alguien que parece tenerlo todo y lo envidiamos, sin tener claro cómo se siente realmente en el interior. Muchas más personas de las que creemos, incluso a veces nosotros mismos, experimentamos una sensación de insatisfacción, de falta de rumbo o de entusiasmo en la vida. Esto podría deberse a que hemos caminado un camino que probablemente no era el nuestro. No nos falta nada fundamental, pero hay algo que no acaba de encajar y nos hace sentir perdidos en nuestra propia vida. ¿Podrá ser esto parte de lo que se ha llamado “El falso yo»?

¿A qué nos referimos con sentirse perdido en la vida?

Es como cuando no te sientes a gusto con quien eres, lo que tienes o lo que has logrado, incluso a pesar de evaluar tu vida y sentir que “no te falta nada” y que no debería haber motivo de queja de tu parte.

Podrías inclusive no tener claro lo que quieres, pero sabes que lo que tienes o lo que has sido, no es exactamente algo que te haga sentir a plenitud.

Digamos que es un no saber quién eres o no sentirte a gusto con quien eres, a pesar de que puedas tener ciertos logros admirados socialmente.

¿De dónde puede venir esta sensación?

Donald Winnicott. que fue un psiquiatra y psicoanalista inglés, desarrolla la teoría de que nuestra identidad o ego puede dividirse en dos: un «yo verdadero» y un «yo falso».

Estos términos describen dos tipos de experiencias: una es más espontánea, auténtica y real y la otra es más defensiva y protectora, tratando de ocultar el «verdadero yo» detrás de un supuesto “Yo ideal” o un Yo que se supone que debería de ser.

La brecha entre el yo real y el yo ideal se llama incongruencia y podría conducir a la creación de un «falso yo» que es un yo más defensivo y protector que esconde el «verdadero yo» de cada uno.

¿Qué es el “Falso Yo”? El “Falso Yo” es una construcción psicológica; digamos que una especie de máscara inconsciente, que se crea cuando una persona no está satisfecha con su vida real o tiene una baja autoestima y, como resultado, crea un entorno alternativo para compensar sus deficiencias de la vida real. Este es un mecanismo defensivo de compensación natural que protege a su verdadero Yo de amenazas (por ejemplo, presiones y expectativas sociales) .

El “Falso Yo” representa quién te gustaría ser o cómo se supone que deberías de ser, como resultado de la retroalimentación que recibiste durante tu infancia y niñez. Es como la identidad que has creado para sentir que eres aceptado por los demás, aunque el problema es que no es quién a ti te gustaría ser.

¿Siempre es dañino el “falso Yo”?

Tanto Donald Winnicott como Carl Rogers sugirieron que los grados bajos de falsedad en el Yo son naturales y quizás no dañinos. Todos en algún momento nos identificamos con lo que admiramos o que nos permite una mayor aceptación social.

Esto puede tener sus ventajas cuando el falso yo no es persistente, no afecta la vida cotidiana de la persona y no está demasiado lejos del verdadero yo.

De hecho la socialización y la observancia de normas sociales es una forma de esto. Es decir, tenemos que esperar nuestro turno, ser amables, pacientes y posponer nuestros deseos e impulsos inmediatos.

Sin embargo, altos grados de falsedad, o en otras palabras, brechas amplias y persistentes entre el “yo verdadero o real” y el “yo falso o ideal”, pueden resultar en desadaptación, insatisfacción y vulnerabilidad psicológica que, en última instancia, puede conducir a patologías psicológicas.

¿Por qué puede pasar esto?

Winnicot especulaba que esto proviene de la crianza en donde podríamos habernos topado con una de dos posibilidades: Una “Madre suficientemente buena” vs una “Madre banalmente dedicada”

“Madre suficientemente buena”: provee los cuidados necesarios al bebé, espontánea y sinceramente. no se excede en los cuidados, ni tampoco desatiende. Digamos que es una base segura que acepta al hijo/a como es, sin la necesidad de moldearlo como sus expectativas dicen que debería de ser para ser alguien “de bien” o feliz en la vida.

“Madre banalmente dedicada”: desarrolla un excesivo apego, sobreprotección o control sobre su hijo. Tiene un mapa de ruta muy rígido acerca de cómo tiene que ser ese hijo/a, e incluso, en otro sentido, pudo haber sido incapaz de responder a las manifestaciones espontáneas del niño y su personalidad en formación; es decir, haber estado, pero no haberse involucrado emocionalmente, sino sólo de manera práctica para educar, no para educar y amar.

Cuando el niño o la niña no se siente aceptado por sus progenitores, o de alguna manera es criticado o rechazado, comienza a ocultar su propio yo para protegerse. Aprende a mostrar solo lo que, por decirlo así, su madre quiere ver. Se convierte en algo que no es realmente, sino en lo que se supone que debería de ser en áreas sociales, formativas, físicas, etc.

¿Cómo afecta nuestra vida?

Quien vive para el “falso yo”, frecuentemente le cuesta sentirse feliz por sus triunfos. No es que sienta que no los merece, sino que no es ese tipo de triunfos lo que busca en la vida. Siente que esos triunfos los ha logrado su “falso yo” y que su “verdadero yo” no ha tenido la oportunidad de lograr lo que quiere.

Otro síntoma es el de no sentirse valorado por otros, aunque en la práctica sí lo sea. Esto debido a que siente que es a su “falso yo” quien es admirado y su “verdadero yo”, como pudo haberlo sido desde la infancia, es ignorado o abiertamente rechazado.

Como resultado, la persona vive en una insatisfacción constante, producto de la incongruencia interna, donde siente que su “verdadero yo” no tiene rumbo o lugar en el mundo. Su “verdadero yo” queda atrapado, frustrado y con un gran malestar que no puede definirse y explicarse con facilidad. Es como sentirse perdido en la vida.

Esto impacta directamente en la autoestima y la sensación de ser un fraude o no ser alguien auténtico.

A veces incluso se construye un “falso yo” muy elaborado. En años recientes se han hecho algunos estudios que vinculan la imagen de las redes sociales con el “falso yo”, especialmente cuando esa imagen se desvía de manera muy importante de su verdadero yo. Esto es particularmente cierto en personas con baja autoestima y los estilos de apego ansioso y evitativo que se han desarrollado por la incongruencia interna en la que se vive.

¿Por qué no nos damos cuenta de esto que sucede?

Los factores externos y sociales siguen pesando.

Desde afuera la persona puede ser vista como normal, plena y hasta exitosa, por lo que es incentivada no sólo sostener esa falsa identidad, sino incluso a reforzarla.

Es probable que la persona quiera un cambio en su vida, a veces dejarlo todo para iniciar lo que llamarían algunos una nueva vida, pero el temor al rechazo y a la crítica lo atrapa y encierra en esa falsa identidad.

Si abre su malestar, muchos le tacharán de inconforme e ingrato con la vida por quejarse cuando todo lo tiene. Sin embargo, la persona con un “falso yo” no experimenta lo que vive como algo suyo, sino como algo ajeno.

¿Qué podemos hacer?

Jubilar a nuestros padres internos en un proceso de auto-reparentalización.

Sin tener que abandonar necesariamente lo que se ha sido, empezar a abrirle espacio al Yo que te gustaría a ti ser. Eso puede pasar por empezar a mirarnos de otra manera y reconstruir una autoestima dañada por la no aceptación en nuestro pasado que hemos traído a nuestro presente.

El camino puede ser incómodo y no estará libre de consecuencias, primero te hará reconocer tus lados no resueltos, tus inseguridades y tus miedos, pero te llevará a descubrir tus fortalezas y tu verdadero camino.

“Qué doloroso puede ser negarse a sí mismo y vivir una vida de mentiras solo para apaciguar a los demás”. June Ahern, escritora.



MARTHA DEBAYLE

Edición: Susana Ruiz

Grupo Radiza Chihuahua