Cártel recluta sicarios en redes

2019-02-11 09:04:36   2108 Visitas


Jalisco.- Un hombre que fue privado de su libertad con engaños de un supuesto trabajo en empresa de ‘seguridad’; la cual en realidad secuestra personas para convertirlos en sicarios del Cartel de Jalisco Nueva Generación, logró escapar y reveló la verdad sobre supuesta manera operar de los capos.

La manera en que operan los capos es a través de sitios web y redes sociales como Facebook y whatsapp. Pues ponen vacantes falsas de empresas de seguridad o de escoltas, donde aprovechan a reclutar sicarios para sus fines.

El testimonio de un hombre identificado como Luis, señala a ‘El Sapo’ o ‘El 90’ (cuyo nombre real es Hugo Gonzalo Mendoza Gaytán) como el encargado de los procesos de ‘contratación’. Pues ha sido jefe regional de Tabasco y Veracruz por lo que a su vez es el brazo derecho de ‘El Mencho’, el líder del cartel.

“Cuando me escapé me fui muy lejos porque sabía que donde me vieran me iban a matar. Pensé que si iba directamente al Gobierno ellos me iban a entregar al cartel. Y después de un tiempo salió a la luz en las noticias que alguien estuvo en la misma situación que yo y se animó a hablar; y pues yo dije que mi objetivo al escapar de allá arriba era tratar de brindarle paz y tranquilidad a aquellas personas que perdieron la pista de sus seres queridos. Muchos de ellos son las personas que yo vi calcinar; y que nadie de sus familiares se dio cuenta cómo murieron y cómo desaparecieron a menos que yo hable. Entonces voy a arriesgarme a platicar mi historia; y llevar un poco de paz a sus familias y que no sigan esperanzados a que van a encontrarlos. Fue que me comuniqué con la Fiscalía de Jalisco y les comenté que yo también fui privado de mi libertad en la sierra de Navajas por el cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG). Y que podía identificar a 17 desaparecidos que vi con mis propios ojos morir en las manos de nuestros captores”.

“Al contactarme para el trabajo pregunté si todo era legal. “Mira, si fuera ilegal no te mandábamos a entrenamiento para que puedas portar un arma. No te apures, todo será legal”. Le dije: ‘Oiga, pero ¿todo va a estar bien? Tengo a mi mamá enferma y necesito comunicación con ella’. Ahí fue cuando me dijo Mario que le caí a toda madre, que iba a llegar recomendado por él. Agarré un taxi al periférico. A los 10 minutos llegó un carro. Me preguntaron si me llamaba Luis. Les dije que sí. Me subí y fuimos por otro muchacho, nos metimos a un lugar muy enredoso. Salió un güero con barba, pelo poco chinito, gordito, de ojos verdes, ahora sé que se llama Ignacio. Dos mujeres salieron a despedirlo, no se quitaron de la entrada hasta que nos fuimos. Vi nervioso al chófer, fumaba un cigarro tras otro. Le hice plática y me dijo que tenía apenas una semana trabajando, pero que no le habían pagado viajes anteriores. Era el primero de mayo. Nos dejaron en la carretera y ahí llegó una pick up con otros tres muchachos que venían del Estado de México. Uno tenía ojo postizo, otro era delgado con pierna postiza y el tercero era gordito con un mechón de pelo que le salía de la frente. El chófer era un gordo sucio que nos ordenó subirnos a la caja. En el camino supimos que los cinco habíamos estado en el WhatsApp un día anterior y habíamos sido contactados por medio de bolsas de trabajo a las que nos inscribimos en Facebook para el trabajo de escolta o guardia de seguridad por 4.000 a la semana. Era muy atractivo para mis necesidades”.

Edición: Gabriela Guedea

Grupo Radiza Chihuahua