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Cómo saber si soy una persona tóxica

Martes, 3 de Julio de 2018 09:52
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México.- Antes se decía "malas personas", pero ahora está muy de moda hablar de relaciones "tóxicas", quizás no porque sean mayoritarias, sino porque hacen mucho daño. Los "tóxicos" son básicamente seres poco empáticos que proyectan sus carencias en los demás. Creen que poniendo el foco negativo fuera, en el otro, superarán sus miserias.

Resulta verdaderamente complicado que alguien de tales características sea consciente y reconozca su mal proceder. Tendría que darse una experiencia muy significativa, casi traumática, en su vida que marcase un punto de inflexión y le hiciera considerar su comportamiento.

Sin embargo, es bastante posible que cualquiera, en determinadas coyunturas, se comporte de manera tóxica, influido o no por los demás. Y entonces debemos hacer un esfuerzo por reconocer que no estamos siendo sensatos ni actuando bien.

Para cambiar, primero debo considerar si estoy siendo:

Envidioso:

antes de combatir la envidia, hay que reconocer qué la provoca y por qué se ha instalado en tu mente. Escribe un listado de cómo te sientes y cómo afecta a tu vida. Relata abiertamente tus emociones. Después acepta y trata de empatizar con lo que genera ese malestar.

Como alguien dijo una vez, "nadie debería ser motivo de envidia", pues todo el mundo tiene problemas. Céntrate en lo que tienes y no en lo que te falta o crees que te falta.

Rodéate de personas agradecidas, generosas y amables, así te contagiarás. Escribe un diario de gratitud con las cosas positivas que te ocurren durante todo un día. Y por último, ponte la tarea diaria de halagar, aunque sea mentalmente, una cualidad que realmente admires de cinco personas.

Dictador:

para mejorar este comportamiento, habría que trabajar sobre una falta de seguridad de base. El concepto negativo de uno mismo y, como consecuencia, la baja autoestima, hacen que tu confianza se debilite. Todo ello hace que necesites compensar para sentirte fuerte y que dirijas tu comportamiento de manera tirana hacia los demás. Pero del mismo modo que funciona el bucle negativo, también lo hace el positivo. Pensar positivamente (voy a ser capaz, les gustará lo que hago, no tengo por qué fallar...) incrementa tu autoestima y propiciará que los resultados y la relación con los demás mejore.

Manipulador emocional.

Este tipo de proceder suele aprenderse cuando el sujeto ha carecido de un desarrollo emocional saludable. Aquí conviene trabajar el reconocimiento, expresión y regulación de las emociones. Gestionar adecuadamente nuestras emociones es un proceso que se aprende, se entrena y se desarrolla continuamente y a cualquier edad. Verdaderamente, merece la pena, pues aumenta enseguida el bienestar personal y social.

Negativo:

una actitud positiva es básica e indispensable: "Yo soy capaz, yo puedo...". Ser positivo es altamente eficaz para afrontar las dificultades. Es el punto de arranque de un comportamiento saludable. Está claro que únicamente pensar de manera optimista no nos solucionará la vida; no significa que todo saldrá bien sin que hagamos nada. Pensar positivamente es movilizarse, es pasar a la acción con la esperanza de que nos salga bien; es averiguar qué hay que hacer para solucionar los problemas o superar las adversidades. Y esto implica voluntad, lucha, superación, sacrificio... Es algo que a todos inicialmente nos causa rechazo, porque conlleva esfuerzo y mucho tiempo. Tendemos a economizar energía.

Deseamos soluciones rápidas y fáciles. Pero en la vida la distancia entre querer y poder se acorta con el entrenamiento, el esfuerzo y la constancia. Recuerda que todo es entrenable.

Ser optimista es ver la roca en el camino y valorar las alternativas: "¿Doy un rodeo, aparto la piedra, la salto?" No me quedo instalado en la queja: "Oh, menuda piedra.

Y ahora, ¿qué?" Pensemos lo que pensemos, la roca no va a desaparecer. Desde su concepción, el cerebro está programado para sobrevivir y por ello siempre detecta lo que supone una amenaza para nuestra integridad, tanto física como mental: cualquier riesgo, cambio, novedad, alteración... El cerebro no describe la realidad tal y como es, solo teme lo que desconoce o no puede controlar, como un peligro potencial.

Está programado para que evitemos las amenazas, pero nos hace sufrir antes de tiempo. Por eso, intentar "domesticar" al cerebro pensando de manera positiva nos ayudará a afrontar más eficazmente las piedras de la vida.

Psicópata.

El cambio en este tipo de personas es muy difícil, por no decir imposible.

A lo único que se puede aspirar es a que reconduzcan sus impulsos, faltos de toda empatía, hacia comportamientos que generen el menor daño posible. Los psicópatas reconocen sin escrúpulos lo que hacen y, además, están satisfechos con ello.

Edición: Gabriela Guedea

Grupo Radiza Chihuahua


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