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Disfrutar más de la vida

Viernes, 29 de Junio de 2018 08:24
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Solo tenemos el presente. Todo lo que podemos hacer y, por lo tanto, disfrutar está aquí, en el ahora. No lo dejes escapar añorando lo pasado o proyectando en el futuro. La vida no espera. Solo se vive de verdad cuando la hacemos nuestra, cuando nos descubrimos, confiamos, apostamos, nos equivocamos y volvemos a empezar.

La importancia de disfrutar la vida al máximo

Es cierto que afrontar el desafío de nuestro día a día parece cada vez más difícil. Es verdad que la tentación de volver a lugares más seguros de nuestro pasado es por lo menos tan tentador como dejar volar nuestra fantasía al mundo idealizado del futuro, donde nuestros sueños se hacen realidad. Y esta afirmación es tan así tanto para nosotros como seres individuales como para nuestras parejas y para nuestras familias. También es así para nuestro pueblo o ciudad, para nuestra provincia y, muchas veces, incluso para nuestro país. El mundo es, verdaderamente un espacio complicado porque no es lo que fue ni tampoco es lo que será; es lo que es aquí y ahora.

Esta combinación de palabras, aquí y ahora –a las que puso atención hace más de cincuenta años el maravilloso y genial creador de la terapia gestáltica, Fritz Perls–, se ha utilizado tan a la ligera en estos últimos tiempos que se puede decir que ha ido perdiendo progresivamente su fuerza original. Sobre todo porque se han apropiado de ella los comerciantes de ilusiones, los publicistas baratos y los políticos de mala fe, desproveyéndola de su significado real.

La rutina que nos encadena

Hasta mi consulta, al igual que a la de todos mis colegas, se acercan cada año muchos hombres y mujeres, cuyo mayor problema consiste en experimentar la sensación de que, habiendo llegado a tener todo lo que alguna vez desearon, no pueden disfrutarlo. Ellos hablan, lloran y se quejan; se lamentan de “aquello que deberían haber disfrutado en el pasado si se hubieran dado cuenta de lo que ahora saben, que tendrían que haber disfrutado en aquel momento”.

Estas personas tienen la seguridad de que esta situación ya no tiene remedio porque es demasiado tarde; no obstante vienen a la consulta pensando en todo lo que van a disfrutar el día en el que superen ese problema. Alejados del presente, estos pacientes sufren permanentemente lo que la mayoría de nosotros padecemos algunas veces, oscilando entre la frustración de aquel “qué bonito hubiera sido si...” y la expectativa del “qué bonito va a ser cuando...”.

¿Viviendo el momento, o viviendo el futuro?

Pongamos un ejemplo de esta situación. Permíteme que te imagine en una situación improbable. Supongamos que perteneces al club de los Anterógrados –así se llaman los del “qué bonito va a ser cuando...”–. Y déjame halagar nuestro ego, estableciendo que esta mañana te has levantado con un feroz deseo de leer nuestra revista. Debido a esta característica que acabo de atribuirte, puedo suponer que no has podido disfrutar del desayuno que alguien querido te ha preparado con amor porque estabas pensando en lo mucho que querías leer nuestros artículos.

Sin embargo, ahora que los estás leyendo, tampoco puedes disfrutar plenamente de la esperada lectura, ya que –casi sin quererlo– estás pensando en lo fantástico que será poder compartir estos conceptos con tus amigos Joaquín y Eulalia, con los que has quedado para cenar esta noche en un restaurante que hace tiempo que deseas conocer. Imaginemos que la cena es espectacular. Y la verdad es que podrías haberla disfrutado completamente si no fuera porque durante la velada no has podido dejar de pensar en lo bien que te sentirás cuando puedas llegar a casa para poder irte a dormir, ya que hoy estás exhausto.

Pero si realmente perteneces a este club, no deberías hacerte demasiadas ilusiones sobre este momento porque, seguramente, cuando estés en la cama, es muy probable que no consigas dormir pensando en la cantidad de trabajo que te espera al día siguiente. Un trabajo que, por cierto, te encanta y que sería mucho más placentero si no fuera porque, mientras trabajas, te pasas el día calculando cuanto te falta para reunir el dinero que te permita acceder al crédito del piso que quieres comprarte. Aunque intuyo con buen criterio que, cuando consigas vivir en el piso, este será motivo de una muy fugaz alegría porque pronto pensarás en lo fantástico que será cuando ya no tengas que pagar la hipoteca... ¿Sigo? Mejor no.

Edición: Emanuel Martínez

Grupo Radiza Chihuahua


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